domingo, 13 de febrero de 2011

Chilla, chilla como un cerdo...

De nuevo podéis recriminarme por lo inconstante de mis publicaciones, pero entre la falta de tiempo y lo innegablemente perezoso que es uno, van a tener que perdonarme.

Me gustaría esta vez hablar de una película que me ha sorprendido como pocas. En su estreno, atrajo mucho la atención, pero ahora se encuentra olvidada y algo infravalorada. Y sin duda eclipsada por el remake americano, que en mi opinión la desvirtua completamente. Hablo de Déjame Entrar (Låt den rätte komma in), película sueca de 2008 dirigida por el poco conocido Tomas Alfredson.



Desde luego parece una respuesta a ese despropósito revienta-salas llamado ''saga Crepúsculo'', en la que lo único que puede encontrarse son guiones fabricados en serie sobre amor adolescente con vampiros que brillan cuando les da el sol (sí, brillan) y comen spaghetti. Obras sin la más mínima intención artística, en las que, por mucho que excaves en el argumento, no vas a encontrar el más mínimo detalle que te haga reflexionar. Y, por si fuera poco, se pasa la leyenda vampírica por donde la espalda pierde su casto nombre.



Y, como he dicho, es en 2008 donde llega la respuesta desde el norte de Europa, el mismo lugar donde se forjó la historia del vampiro. Y vaya si respetan el mito. De hecho, respetan cada detalle de las leyendas clásicas, desde algo tan conocido como el hecho de que un vampiro no soporte la luz del Sol o que no puede entrar en su estómago nada que no sea sangre hasta un detalle al que, que yo recuerde, en muy pocas (o en ninguna) películas dedicadas al mito se ha hecho referencia, y es que, como ya sabrá cualquiera que no base su cultura en las superproducciones de Hollywood, un vampiro no puede entrar en tu casa si no recibe verbal y claramente tu permiso.



Todos estos detalles hacen que sin duda esta película deba aparecer en los primeros puestos de las mejores películas dedicadas al mito vampírico. Pero entonces, ¿por qué no gusta a mucha gente? Pues porque, sencillamente, al contrario de lo que muchos esperan, ESTA PELÍCULA NO ES DE TERROR. Y lo destaco así porque es algo fundamental a saber antes de verla. Pero eso no hace ni mucho menos que sea poco amena. Totalmente al contrario: además de ser de lo más original que he podido ver, nos muestra una poesía que hoy pocas películas poseen. Y es que la fotografía de esta obra maestra es sencillamente perfecta. No hay otro adjetivo para definirla.



La película, basada en un libro que el propio escritor adaptó al guión de la película (lo cual es de agradecer), trata sobre un niño de 12 años, Oskar, que vive atormentado por sus compañeros de instituto e inmerso en una enorme falta de comunicación con el mundo exterior, en especial con sus padres separados. Una noche, intentando dar rienda suelta a su agresividad contenida, se encuentra con su nueva vecina. Esta recién llegada (de unos 12 años también, aunque sólo en apariencia) viaja con un pederasta al cual ayuda a ocultarse a cambio de que éste le proporcione sangre humana con regularidad. Aunque no se muestre muy amistosa en un principio, Eli, esta ''niña'', cambiará la vida de Oskar aconsejándole que ''devuelva el golpe con fuerza''.



Además de la belleza de la fotografía, la música, el guión cuidado y la impresionante dirección, los dos actores protagonistas, ambos con no más de 13 años en ese momento, hacen una muestra de actuación que supera a muchas de las dadas por adultos. De hecho, si les comparamos con casi cualquier adolescente o joven de hasta veintipico años, en especial de los de nuestro país, de esos que actúan en películas cargadas de tópicos sobre la vida juvenil y llenan las salas de adolescentes hormonados, estos dos niños de menos de 14 años son los mejores actores del mundo. Además, la película destaca por su sutilidad. De hecho, es posible que posea una de las escenas más violentas de la historia del cine, pero se nos muestra de una forma en la que no vemos casi nada, aunque lo intuimos todo, sin desentonar así con el maravilloso tono poético de la película, que a su vez es bastante más sombrío que el de muchísimas otras películas que pretenden serlo. Y no lo olvidemos, qué pedazo de final.



En fin, dejando claro que es una auténtica obra de arte, hablemos ahora del remake americano tan sólo dos años posterior a la película original. Para empezar, no sé por qué me choca tanto que los americanos necesiten ''versionar'' una película a su idioma, y no hablo sólo de idioma verbal: al parecer, el estilo de cine sueco es demasiado poético, demasiado poco explícito para el americano medio. Es demasiado complicado para ellos ver cualquier cosa que no sea de su país, y por lo tanto necesitan que alguien haga un remake. Y, si ahora están pensando en si existen películas americanas que sí tengan algo de poesía, que no parezcan hechas en serie como una simple lavadora, desde luego que las hay, pero por favor, no piensen en El Padrino: El Padrino es una película cuyo equipo, tanto técnico como de reparto, es al 80% italiano (destacando desde luego tanto a los protagonistas como a su director, su co-guionista Mario Puzo y al compositor Nino Rota), y me niego a pensar que una película hecha por italianos es americana.



En fin, espero que ese remake tan falto de todo lo bueno que tenía la película original, en el que decían que iban a coger la película de 2008 y adaptarla de manera diferente y al final lo único que hicieron fue coger el guión, quitar las mejores frases y poner otras más ''americanas'' para que pudieran ser dichas por actores más ''americanos'', no deslustre demasiado la auténtica y para mí única Déjame Entrar, rodada en Suecia en el año 2008 y tan llena de poesía y belleza, metáforas, dobles interpretaciones (algunos llegan a sostener que la niña, tal como dice ella tantas veces, no es realmente una niña, sino un niño que fue castrado hace 200 años, como creo que sugiere el libro) y una genial ejecución en todos, todos los aspectos. Un 9 / 10. Y, por si no ha quedado claro, creen que puedo haberme equivocado o aún no se han tomado mi recomendación tan en serio como para verla, lo repito: un 9 / 10.



Por cierto, esta noche son los Goya y dentro de nada los Oscar... A ver qué nos encontramos. De momento no he visto todas las nominadas al Oscar a Mejor Película de este año, pero creo que la calidad está muy igualada, y va a ser interesante. Puede que Cisne Negro lo consiga, aún no la he visto pero he oído hablar muy bien de ella, y sin duda Toy Story 3 está también muy bien encaminada. También está El Discurso del Rey, The Kids Are Allright, The Fighter... Pero me gustaría, de modo personal (aunque no sé si hay demasiadas posibilidades) que Christopher Nolan, un director que me cae francamente bien, consiguiera este premio para su Inception (espero que al menos a ésta nadie le quite el premio a Mejor Guión). Igualmente me encantaría que otro director al que admiro, Rodrigo Cortés, se llevara el Goya al Mejor Director o a Mejor Película por su genial y atrevida Buried. En fin, ya veremos.




1 comentario:

  1. Tengo exquisitos recuerdos relacionados con esta película. Fue un alivio encontrar vampirismo del de verdad en una época en la que proliferaban los sacrilegios de leyendas para convertirlas en carne de adolescentes.
    Yo también tuve mi época interesada en los vampiros, pero fue bastante antes y desatada por la lectura de Drácula y las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. Esta película me volvió a reinsertar en la leyenda de nuevo. Y a pesar de que el cine no es lo mío, sí que habla ese lenguaje poético que yo puedo entender, lo cual se agradece, porque las americanadas casi nunca me dicen nada.

    Un saludo, te voy leyendo :)

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